Lo que se sabe, lo que se dice, y lo que es mejor no comprobar por ti misma.
Bueno bueno bueno, como comenzamos aquí... La verdad no sé si esto te vaya a gustar o no, pero bueno, ya que a veces me preguntas, supongo que te han de interesar. Así que vamos a hablar de las criaturas que, en sí, yo conozco o he visto.
Ojo: aquí solo incluyo criaturas que el cerebro humano puede ver, de las cuales son pocas. Aunque existen un sinnúmero de criaturas que tú no conoces ni creo que vayas a conocer, dando el hecho de que a la mayoría nos tocó eliminarlas, y otras pues están... bueno, se puede decir que les cerramos la única salida. Pero estas son las criaturas por las cuales preguntas. Aquí remarcaré sus características, sus rasgos, sus variantes y sus fases, ya que aunque hay algunas que parecen inofensivas, son todo lo contrario.
Y ojo: aquí ninguna criatura es buena del todo. Así que te aconsejo que si en algún punto ves una de ellas, no corras ni grites, solo aléjate lentamente, como si fuera lo más normal que hayas visto. Recuerda que para ti esas criaturas son algo que nunca has visto, pero para ellas tú eres solo un humano débil — y más te vale que sigan creyendo eso.
Aunque se muestren en películas o series como seres muy pequeños de apenas unos pocos centímetros, estas pueden llegar a medir hasta 15 — depende de su alimentación, su raza, su variante y el estilo de vida que lleguen a tener. Entre más comen, más crecen. Se dividen en dos variantes.
Son las más pacíficas. Comen animales pequeños, como insectos y hormigas. Son las más pequeñas en teoría, pero muy curiosas — lo cual puede ser peligroso, porque si quieren algo que es tuyo y no se lo das, pueden comportarse de forma agresiva.
Solas no hacen mucho, pero son como las moscas: en un momento se acumulan todas y comienzan a morder o a intentar herir los ojos y la cara, con el propósito de dejarte vulnerable para luego comenzar a matarte lentamente, buscando comerte vivo. Aunque sean pequeñas, aguantan el golpe de una persona adulta promedio.
Rasgo físico: son las que más se parecen a las personas, solo que más delgadas, con alas más largas y puntiagudas.
Normalmente habitan en zonas muy espesas, así que dudo que en algún punto te las encuentres — pero si llegas a hacerlo, solo ignóralas, date la vuelta y regresa. No hables, evita a toda costa pronunciar una palabra: copiarán tu voz, y escucharlas hablar es lo más tétrico que existe. Si por error ya les hablaste, tendrás unos segundos antes de que aprendan — intenta matarla antes de que eso pase.
Al contrario de las Sidhe, estas son hostiles. Habitan cerca de lagos verdes — lagos donde el agua se ve tan pura que dan ganas hasta de beber de ella. Acechan a los animales que se acercan a beber, y les cortan la lengua para comérsela.
No les gusta vivir en grupo: si ves alguna, serán de una a tres, no más. Son caníbales entre ellas — se matan y se comen para demostrar dominio. Evitan a los humanos fuertes, pero si detectan a uno débil — un niño, alguien con miedo — aprovechan para matarlo, comerle la lengua y parte de su carne, y luego le quitan los ojos para que no pueda salir del territorio.
De estas criaturas ya hablé antes en mi diario, y también en el que estoy escribiendo ahora. Son pacíficas en su totalidad — criaturas que, si quisieran, podrían matarte en menos segundos de los que podrías reconocer, pero aun así, por alguna razón, no lo hacen. Incluso algunos demonios hablan de ellos, y ni siquiera yo sé por qué no se dice mucho más.
Son, digamos, la versión pacífica de los duendes — aunque, te lo digo, son más peligrosos. Si te ven, ellos intentarán alejarse de ti: no los sigas ni les hables. Sí hablan, pero como una persona primitiva, sin formular bien el habla. Mejor déjalos tranquilos. Viven solos, pero eso no es razón para que no puedan hacerte algo — así que no los busques ni los provoques.
Estos son algo parecidos a como los pintan en las películas, y con ellos tengo solo tres indicaciones. Son como seres humanos, pero pequeños — y ya te imaginarás todas las atrocidades que pueden llegar a hacer.
Uno: evita mostrar miedo y no intentes reírte de ellos ni mostrar ninguna emoción. Dos: no les hables, salvo para mostrar seguridad o enojo — si hablas con miedo, admiración o sorpresa, atacarán. Tres: no corras, deja que ellos se alejen.
Si ya cometiste alguna de las tres cosas y están a punto de atacarte, comienza a enojarte. Son muy temerosos ante los cambios de humor, así que enójate y busca atacarlos — si hieres a alguno, eso alarmará a los demás y te pondrá como la persona más fuerte ahí. Lo que más asusta a una criatura es la muerte, y todo ser en este mundo le teme a lo que lo pueda matar.
A esta criatura la puse, pero nunca la vi directamente — seguí sus rastros, sé que existía, vi lo que provocó, pero nunca la busqué para cazarla. Son animales que solo salen de noche, y en las noches yo solía hacer otras cosas. Pero esto es lo que sé de ella, y su versión me sorprendió más de una vez.
Esta criatura cambia de tamaño a conveniencia: grande para cazar o enfrentarse, y pequeña — hasta 60 cm — el resto del tiempo. Cuenta con una vista muy aguda pero un pésimo olfato. Al parecer puede detectar energía oscura o parecida, porque siempre que yo buscaba llegar a algún lugar donde se la había visto, se marchaba justo horas antes.
No tiene cara de águila, sino — diría yo — más de lechuza. No es pacífico ni agresivo: neutral. Solo ataca para comer o imponer territorio. Su comida favorita son reptiles o mamíferos pequeños, aunque se comporta como un felino — mucha gente asegura haberlo visto jugar con sus presas antes de comérselas. Gente que después, de poco, ha muerto.
Por lo que sé, están extintos — eran animales que rara vez se movían de su territorio, y al acabarse la comida ahí, morían de hambre o terminaban cazados por otros animales más grandes mientras estaban en su forma pequeña. Me consta haber visto el cadáver de uno: después de la descomposición, toma su forma natural.
Un dato curioso: sus alas no sirven para volar, sino para planear, y están pegadas a sus patas — como las ardillas voladoras.
Diseñado por un equipo de ingeniería para permitir el combate en el frente contra fuerzas enemigas. Este proyecto nació antes del conocido Proyecto Abigail — solo que este sí sobrevivió. La mayoría de gente que investigué en foros y en webs oscuras abandonó sus cuentas después de haber subido o visto un sencillo video e imagen llamado "por tu bien no lo mires, a menos que busques conocer tu último día."
Lo conocí en una historia que ya te conté. En sí, era solo una creación que fue recipiente de varias posesiones. Al parecer, otro grupo se enteró de esto y buscó replicar sus mismas características — y lo lograron. Pero luego de un tiempo, el lugar quedó sin energía, hubo un fallo de contención, y el prototipo escapó.
Función: identificar a la persona que haya visto su rostro, por medio de un sensor que descarga directo al cerebro del espécimen. Cada vez que alguien lo ve, entra en modo frenesí y ataca — las corrientes se activan cuando ve directamente a alguien. Por eso siempre permanece en posición fetal: para evitar ver a nadie.
Resultado del proyecto: FALLO CRÍTICO. Durante el incidente, el software dejó pasar una fracción de milisegundo de la imagen sin procesar. El cerebro de los agentes llegó a percibir el rostro inconscientemente, desencadenando la masacre de todo el destacamento.
Después de eso, el proyecto escapó, haciendo destrozos en lugares cercanos. Luego de ese fallido resultado, retomaron el proyecto con todos los avances que tenían, bajo otro nombre.
De esta criatura ya te conté que, como te dije, fue la única que me heló la piel. Cuenta no con una, sino con tres fases, dependiendo de la clase: hay dos — las inconscientes y las conscientes.
Las inconscientes son criaturas más animales: matan y viven como un animal, solo que con sentidos más agudizados, en estado salvaje. A esta, si la ves, huye. Si te topas con la versión inconsciente, métete al agua, aguanta la respiración, y ruega.
Mejor no le hables. Si te ve y te habla, escúchalo hasta que se calle — luego se irá solo, no importa cuánto tarde. No digas ni una palabra, o entrará en la segunda fase y comenzará a deformarse.
Intenta no moverte. Tendrá conciencia y comportamiento de animal — si no te mueves bruscamente y no hablas, se irá. Si tienes carne, aléjala lentamente, muéstrasela y lánzala con suavidad una vez tengas su atención. Luego camina normal, sin correr, lo más lejos posible.
Tu vida está en juego. Tienes 5 segundos desde que comienza la transformación para correr y esconderte. Lánzale lejos algo con olor fuerte para que no te siga por el rastro — en esta fase se guía por el olfato, no por la vista. Báñate en lodo y tierra si puedes.
Este tiene un nombre, pero no me acuerdo. Si en algún momento de la vida ves un gato negro en el bosque: no lo ahuyentes, no lo evites. Si quiere subirse contigo, déjalo. Si quiere que lo sobes, sóbalo. Si quiere que lo sigas, síguelo — pero con cuidado.
Mucha gente lo toma como un animal de mala suerte o maldito, porque siempre está en lugares donde hay cosas paranormales — pero muchas veces son ellos los que las ahuyentan, intentando que no te hagan daño, alejándote de ahí. No todos los gatos negros son así, claro: la mayoría son gatos normales.
Una vez me topé con uno en un bosque por el cual estaba medio perdido. El gato buscó sobarse conmigo, le di de comer. Luego me fui por donde seguía, aunque el gato parecía decirme que me alejara de ahí. Después de un rato, el gato me siguió — y fue ahí cuando vi lo de las hadas, e hice todo lo que te dije que no hicieras.
Comenzaron a atacarme una y luego varias Sidhe, cada vez más. A mí no podían hacerme mucho, pero ya estaban molestando. Al gato parecían tenerle miedo, y en una de esas se dislocó la mandíbula, la abrió más, y se comió de un bocado a más de tres de golpe. Me pareció raro y asombroso a la vez. Después de eso, las demás solo se fueron.